
Jesús era rico. Al contrario que cualquier otro bebé, su historia no comenzó cuando Él nació. El niño Jesús vino al mundo en el pesebre de Belén, pero venía de otro lugar.
Cuando un ángel del Señor anunció a José, con quien la Virgen María estaba desposada, el nacimiento de Jesús, según podemos leer en el evangelio de S. Mateo capítulo 1:18-25, le dijo que sería llamado Emanuel que significa «Dios con nosotros». Jesús era el Hijo de Dios, uno con Dios, y vino del Cielo. Dios estaba invadiendo el mundo que con tanto amor había creado.
Jesús se hizo pobre. Las escenas de Navidad tradicionalmente siempre se presentan confortables y hogareñas, paja suave, cálido y agradable resplandor… Pero los alumbramientos o partos no son así. Sin duda que la realidad fue que el ambiente era frio, oscuro, doloroso por no decir espantoso. No olvidemos que no estaban en la unidad de maternidad asistidos por un equipo de profesionales, como es la regla en un hospital de nuestros días. El nacimiento de Jesús sucedió en un establo donde los animales se refugiaban. Imaginémonos a la Reina de España, o cualquier otra reina, abandonando su residencia palaciega para dormir en la calle, entre cajas de cartón, en el umbral de cualquier edificio. Jesús dejó la gloria del cielo y vino a la tierra haciéndose pobre, afrontado problemas, apuros y dificultades. ¿Por qué hizo esto?
Se hizo pobre, para enriquecernos a nosotros. Incluso los mejores regalos de Navidad pasan de moda, se rompen, los roban o simplemente pierden su atractivo al ser eclipsados por otros modelos más modernos. En realidad no siempre satisfacen totalmente.
Jesús vino para ser un Salvador; eso es lo que significa su nombre; eso es lo que el ángel del Señor dijo a José, refiriéndose a la Virgen María: «José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mateo 1:20-21). Vino a salvar a su pueblo de sus pecados, bien que fuesen avaricia, orgullo, rebeldía, perversidad, egoísmo, enemistad o cualquier otra falta o vicio. Pero SOBRE TODO vino salvar a hombres y mujeres, niños y ancianos del gran pecado de ignorar a Dios.
¿Qué podríamos dar por tener una conciencia limpia, poder cambiar nuestras vidas y estar en paz con Dios? Nada, todo esto es un verdadero don de Dios, un regalo que perdura y que podemos llevar con nosotros incluso más allá de la muerte. Pero, ¿cómo es que estas riquezas de perdón, de nueva vida en Cristo y de un futuro cierto están disponibles para personas imperfectas y pecadoras como nosotros?
Por medio de «la pobreza» de Jesucristo. El Señor Jesús, adquirió estos maravillosos dones o regalos para su pueblo, al más alto coste para Él. Vino a este mundo y vivió una vida perfecta, hasta el día que voluntariamente se ofreció a su Padre celestial para morir en nombre de todo el pueblo pecador.
El creyente en Cristo Jesús puede decir: Jesús murió una muerte cruel en la cruz del Calvario, expiando mis pecados y dando su vida por mí para que, con esta redención, Dios me aceptase limpio de pecado. ¿Cuál será el costo para mí? Esta suele ser siempre la pregunta.
Las riquezas de Dios son ofrecidas gratuitamente a los que creen en Jesucristo. Esto es lo que significa la «gracia» de Dios. Su inmerecida bondad y misericordia para los que se han arrepentido del desorden que el pecado ha causado en sus vidas y que han puesto su fe y confianza en Jesús como Aquel que murió en la cruz por todos los culpables de cualquier transgresión o pecado.
Jesús ha pagado por nuestros pecados con su vida, y no hay nada con lo que nosotros los humanos podemos contribuir, sólo entregarnos a Él y reconocerle como nuestro Señor y Salvador. Por eso en el nacimiento de Jesús, el ángel anunció a los pastores: «…No temáis; porque he aquí os doy buenas nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David (Belén), un Salvador, que es Cristo el Señor» (Lucas 2:10-11).
¿Más rico o más pobre? Quizás todo esto sea nuevo para algunos. Pensémoslo de nuevo, considerémoslo. Si lo hacemos, estas palabras empezarán a convertirse en verdad. «Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos», ¿Pero realmente conoces esto en tu propia experiencia? ¿Te deja Navidad más rico o más pobre?
El conocer a Jesucristo, único camino a Dios Padre, el comprender el significado de la Navidad y aún así no tomar una decisión positiva, es no aceptar a Jesús como Señor y Salvador, es terminar más pobre, ahora y para la eternidad. Pero si vienes a Dios por medio de Jesucristo, serás más rico eternamente, a pesar del coste que para ti pueda significar seguir a Jesús en esta vida.
Que Dios nos conceda las mejores de sus bendiciones para esta Navidad por medio de su Hijo y nuestro Salvador, el Señor Jesucristo.
Marcos Román Chaparro