UN VIAJE DE ALTO RIESGO
(…) A principios de este mes, el Sr. Rhodes y yo hicimos una visita de diez días a algunos pueblos de la vecina provincia de Ávila. Para llegar hasta allí, tuvimos que sobrevivir a un viaje de cuatro horas infernales en el tren más lento e inestable de toda España, para después alargar la tortura otras seis horas más en uno de los peores autobuses en los que he montado jamás. Cuando bajamos, apenas podíamos mantenernos en pie y nos dolía cada hueso de nuestro cuerpo. El placer del viaje no aumentó precisamente al enterarnos de que el vehículo había volcado unas semanas antes y dos personas habían fallecido a causa de las lesiones. El conductor fue detenido, aunque creo que solo recibió una leve amonestación, ya que se trató de un descuido por su parte. De todas formas, no es difícil encontrarse con un caso de este tipo, así que acostumbrarse a ello es solo cuestión de tiempo.
Recuerdo una ocasión en la que iba montado en otro autocar que conducía bordeando un precipicio y, mientras mis ojos no dejaban de mirar el río que había al fondo, le pregunté al cochero si alguna vez se habían despeñado por un barranco similar. «No suele ocurrir, pero cuando sucede, la gente no suele matarse; generalmente, solo te encuentras un par de costillas rotas» respondió él, lo cual me «tranquilizó» bastante. Afortunadamente, los cultos que pudimos realizar aquel mismo día nos ayudaron a olvidarnos del mal trago y fue fabuloso poder comprobar cómo la gente estaba ansiosa por escuchar el evangelio.

SOTILLO Y PIEDRALAVES
En un pueblo en concreto, Sotillo, donde se han celebrado reuniones una o dos veces por semana durante el último año a cargo de una predicadora destinada en Piedralaves —a unos 15 kilómetros de distancia—, el interés de la gente por escuchar la Palabra era notable. A pesar de la húmeda noche, se formaron colas de gente fuera de la sala donde se iba a realizar la predicación, la cual ya se encontraba repleta a los pocos minutos de abrir sus puertas. Una vez dentro, muchos se quedaron impresionados por el mensaje de las Escrituras. Dos compañeras inglesas están trabajando junto con la predicadora española y tuvimos unas reuniones muy fructíferas, en las cuáles el poder del Espíritu Santo se hizo patente.
Por otro lado, una mañana fuimos a repartir folletos y Nuevos Testamentos a la granja de cerdos del pueblo y aquello acabó dando lugar a un altercado en el que se llegaron a blandir algunos cuchillos, aunque afortunadamente no llegaron a usarse. Nosotros no corríamos ningún peligro, pero nuestra compañera predicadora se libró por los pelos de acabar realmente mal. Desde que sucedió esto, se ha desatado una gran oposición en estos dos pueblos. El párroco ha absuelto de todos los pecados pasados, presentes y futuros a aquellos que consigan dar caza a los protestantes y han amenazado de muerte a la hermana que mencioné previamente. Bajo un pretexto insignificante, se cerró el salón público donde solíamos llevar a cabo nuestras reuniones y solo se nos permitió celebrar cultos privados con un máximo de 19 personas. Tras grandes esfuerzos y gastos por parte del Sr. Rhodes, finalmente se pudo volver de nuevo a la normalidad. Por otro lado, el párroco de Piedralaves consideró oportuno recolectar todas las Biblias que pudo para hacer con ellas una gran hoguera en la plaza del pueblo, por supuesto, con el beneplácito del resto de católicos.
