SOBRAN LOS COMENTARIOS
(…) Mientras me encontraba en Pradejón, el párroco del pueblo le hizo una visita a una mujer católica que tenía a sus tres hijos asistiendo a la escuela evangélica. Ya había intentado antes sacarlos de allí sin éxito, pero aprovechó la frágil situación del padre de familia, el cual se encontraba agonizando y esperando la muerte, según apuntaban los últimos informes médicos. Así pues, le dijo a la mujer que, si no sacaba a sus hijos de allí en ese mismo instante, no le daría la absolución a su esposo y este iría directo al infierno, además de negarse a darle sepultura. «¿Qué harás entonces con el cuerpo?», le preguntó. Todo esto sucedió mientras el esposo aún se encontraba con vida y, obviamente, la pobre mujer no tuvo más remedio que llevarse a sus hijos de la escuela. Poco más que añadir al respecto.

En Cervera, en la misma provincia, unos meses antes falleció el hijo de un obrero y este pidió al párroco que le diese sepultura, pero se le exigió a cambio el pago de una tasa. El padre respondió que no disponía de esa cantidad y que no podría aportar demasiado. El cura preguntó entonces si el cuerpo del muchacho se encontraba en un ataúd y, comprobando que así era, dijo que se le debería haber reembolsado el dinero que costó y que el cuerpo hubiese sido enterrado sin él. Se negó por tanto a enterrarle sin haber cobrado antes, por lo que el padre, desesperado, tuvo que darle un entierro civil a su hijo. Más tarde se descubrió que el chico había sido bautizado por la Iglesia católica, así que el progenitor se enfrentó a una demanda que esta le interpuso por violar sus derechos, ya que los cuerpos de todos los niños bautizados pertenecían por completo a la propia institución. Finalmente, fue sentenciado a un año de prisión y a pagar la multa correspondiente. De nuevo, creo sobran los comentarios.
